El rojo es un color que destaca en cualquier composición además de ser un tanto agresivo, el equipo de Enrique Peña Nieto lo sabe, y ha basado su estrategia gráfica en estimular los sentidos a través de su imagen institucional.
Conocedor de sus encantos, el ex gobernador del Estado de México ha sabido producir, explotar y manipular su imagen pública.
Su estrategia de mercadotecnia política le apuesta a loaspiracional, un producto vende si en su leyenda promete resultados maravillosos, su equipo lo entiende y lo utiliza como arma para permear su imagen en el ideario colectivo de los mexicanos, esos que esperan un cambio en su realidad diaria.
De estatura baja, y poco impacto en su oratoria Peña Nieto proclama reconocimiento, fingiendo una altura soberbia y una suntuosa retórica.
Todo esto acompañado siempre de una imagen del entorno producida al más puro estilo de la arquitectura fascista, esa que hace que el pueblo perciba a sus gobernantes poderosos, volviendo al pueblo en diminutos observadores.
Ha pasado por todos los estados deseados del político popular, un joven revolucionario de la política, soltero cotizado y ahora personaje de la farándula. Aunque el estado de eterna juventud en su imagen se empieza a disolver, solo hace falta observar sus nuevas adquisiciones: unas canas producidas en su copete.
Maestro de la sobre exposición mediática, y gurú de la imagen política, Enrique Peña Nieto intentará mantenerse vigente en la mente del electorado, bien dicen que “Santo que no es visto no es adorado”
Sus asesores lo saben y no dudarán en explotar la imagen de su mujer Angélica Rivero la cual por dedicarse al medio del espectáculo será imagen recurrente de campañas, logrando con esto generar el posicionamiento de asociación.
Esté pendiente querido lector que la producción en cuestión de imagen, gráficos y comunicación apenas fue un dejo, de lo que estos movedores de hilos generarán para prodigar a todo México la necesidad de regresar a las fauces del presidencialismo